Don Bernardo de Vergara y la escultura «La Llorona» del Cementerio de Concepción
Por OSC (Equipo del Archivo Histórico de Concepción)
Por OSC (Equipo del Archivo Histórico de Concepción)
Las últimas generaciones de personas qué durante años, han traspasado el ingreso del Cementerio de Concepción se han gratamente sorprendido por la belleza de una escultura, que desde muchos decenios los recibe, expresando el dolor que muchos experimentan al dejar a sus seres queridos.
Coloquialmente se le ha denominado “La Llorona” por motivos entendibles, transformada en un icono del camposanto y una leyenda. Se trata de una escultura de mármol blanco traída de Italia, gran proveedora de esculturas funerarias adquiridas por catálogo, a mediados del siglo XIX, para ornar la tumba de don Bernardo de Vergara y Eleizegui, vecino de Concepción. La figura representa a una mujer sentada, vestida con túnica romana, abatida por el dolor, con un brazo sosteniendo su cabeza y con la otra, asiendo una corona de flores. Hasta 1960 se asentaba en el ingreso, en una base, también de mármol, con la forma de un sarcófago adornado de guirnaldas de flores, que se conserva en un jardín cercano del cementerio. Al plinto que soportaba el conjunto funerario se le adosó el verso de don Ernesto A. Guzmán, alusivo a esa tierra sagrada, en placa de bronce, ganador del concurso Luis Lamas, que por disposición testamentaria dispuso se escogiera, para ser colocada en el frontis del cementerio.
“Tierra de corazones que han sufrido,
humanizada tierra, aquí ha salido
en la flor, hecha carne perfumada,
a invadir los senderos… ¡la pisada
sea blanda y piadosa, peregrinos,
porque no se lastimen los caminos!”
Con posterioridad al terremoto de 1939, que destrozó la tumba de su propietario, la Junta de Beneficencia, encargada de la administración de la necrópolis, decidió su traslado para su preservación, a la entrada principal del Panteón, desde donde ha recibido la admiración de generaciones de penquistas.
La propiedad del mausoleo pertenecía a don Bernardo de Vergara y Eleizegui, comerciante y empresario, nacido el 29 de abril de 1799, hijo de don Bernardo de Vergara Santelices y de doña María Rafaela Eleizegui Ayarza. Falleció en Concepción el 12 de enero de 1854 a la edad de 54 años, como decía la placa de su tumba. Sin duda fue su viuda la encargada de honrar los restos de su esposo, adquiriendo una escultura que expresara su dolor, para adornar la tumba.
Don Bernardo fue comisionado por el intendente Juan de Dios Rivera, en el año 1823, para que junto a don Pedro José del Río Cruz buscaran el mejor sitio para la creación del Cementerio de Concepción. Fue nombrado albacea de la herencia de sus suegros Urrutia Mendiburu- palacios y Pozo, lo que incluía la hijuela de la Hacienda Longaví, en 1849-50, y albacea de la herencia de doña Gerónima Mendiburu, quién dejó legado a la Casa de Huérfanos y al Hospicio. En 1849 compromete como albacea de Urrutia, la colaboración en la construcción de un Hospicio y Casa de Expósitos en Concepción. En 1851 se arrienda la hijuela de Longaví. En 1853 figura como propietario de un molino en Tomé y como contribuyente para la refacción de la capilla San José (ex Caridad). Por ese tiempo se le nombra ministro especial de la Corte de Comercio de Concepción. En febrero de 1854, su viuda comunica un legado de su esposo de $1.000 pesos para el socorro de los pobres; al aceptar dicho legado la autoridad establece que se destine al Hospicio, a la habilitación de un altar en la capilla del cementerio y la existencia de un capellán que atienda ella (El Correo del Sur, variadas fechas desde 1849 a 1861).
Contrajo matrimonio en Concepción el 12 de enero de 1837 con doña Antonia Urrutia y Palacios (fallecida en 1885), hija de don José María de Urrutia y Manzano y de doña María de las nieves Palacios y Pozo. No hubo descendencia. Doña Antonia junto a su hermana Zacarías, fueron únicas herederas de su padre, recibiendo la primera hijuela, correspondiente a 9.293 cuadras, de la gran hacienda Longaví, proveniente del patrimonio de su abuelo don José Francisco de Urrutia y Mendiburu (San Sebastián, España, 1746- Concepción, 24 de julio de 1804), exitoso empresario y comerciante de Concepción, que dejó numerosa y expectable familia.
Su suegro, don José María de Urrutia y Manzano (1771-1848) hombre de gran fortuna, fue nombrado teniente coronel de Caballería en el año 1804, así también procurador general en el año 1799. Asumió como alcalde de Concepción en tres períodos, 1800,1811 y 1813. Falleció en Concepción el 17 de diciembre de 1848. Una de sus hermanas fue doña María de las Nieves Urrutia y Manzano (1777-1850), esposa de don Juan Martínez de Rozas, prócer de la independencia e ilustre representante de Concepción en esas lides.
El padre de don Bernardo, del mismo nombre, fue un activo comerciante dedicado principalmente a la importación de artículos europeos. Fue el comerciante que tuvo la participación política más destacada en cargos públicos, durante el período de la Independencia de Chile. Asumió como alcalde de Concepción, en forma interina, en 1804 y escogido como alcalde de 2° voto en 1806. Nombrado procurador general de la ciudad en 1804 y 1810. Formó parte de la Junta Provincial de Concepción de 1811 como vocal, junto a Rozas, Benavente, de la Cruz y Vásquez de Novoa. Durante la Reconquista es desterrado en 1814 a las Islas de Juan Fernández, donde permaneció hasta 1817. Falleció en 1822.
Su viuda, doña Antonia Urrutia y Palacios, contrajo nuevamente matrimonio el 25 de marzo de 1861, con el intendente de Concepción, período 1859-1863, con don Vicente Pérez Rosales (1807-1886), notable hombre público.
La Corporación Semco es la encargada de la administración de diversos bienes públicos de la ciudad, entre ellos el Cementerio General de Concepción. Con el afán de convertirlo en un museo a cielo abierto, donde se resguarde la memoria histórica, considerando, además de los difuntos sepultados en ello, la diversidad arquitectónica existente, y sus jardines y avenidas. En este plan de rescate patrimonial y valorización, la escultura La Llorona siempre formó parte destacada en estas medidas, como icono fácilmente reconocible por aquellos que visitan sus deudos y tumbas.
Para ello se habilitó una zona concebida para ceremonias fúnebres y culturales, con el respeto debido, generando una cercanía entre los penquistas y el patrimonio. Para su realce se decidió el traslado de la escultura a este sector, construyendo un domo, donde se destaque su belleza y continúe impresionando a los visitantes. La restauración de la escultura estuvo bajo la supervisión de la empresa Surconserva, expertos en el manejo integral de bienes culturales, ya duchos por trabajos anteriores en el camposanto, en mármoles de monumentos nacionales existentes en el interior de él.
Ya desde el año 2023, de su inauguración, este patio fue escenario de actividades del Bicentenario de la creación del Cementerio y del XXIV Encuentro de la Red Iberoamericana de Cementerios Patrimoniales. Igualmente ha sido un digno escenario para los conciertos musicales de fin de año y el punto de inicio de los Circuitos Patrimoniales.
El proyecto involucró, amén del domo que contiene la escultura, instalación de rejas monumentales, incorporación de iluminación a todo el recinto, una plataforma de escenario, áreas verdes, electrificación para los eventos, punto de Red y cámaras de vigilancia. El proyecto arquitectónico fue diseñado por los profesionales del rubro del mismo cementerio y su realización fue con fondos propios de la institución.
Bibliografía.
Los comerciantes de Concepción 1800-1820, por Arnoldo Pacheco Silva.
Familias Chilenas, por Guillermo de la Cuadra Gormaz.
Historia de concepción, por Fernando Campos Harriet.
Estudios de historia económica regional del Bio bío, por Leonardo Mazzei de Grazia.
Historia del Cementerio de Concepción desde 1823 hasta 1959, por Margarita Fernández Sánchez.
Cementerio General de Concepción, patrimonio recobrado, por Armando Cartes Montory.
Diario militar del general José Miguel Carrera, Colección de Historiadores y de documentos relativos a la Independencia de Chile, Pág. 33, Santiago 1900.
Periódicos:
El faro del Biobío, fecha:
2 de abril de 1834, Pág. 1
El Correo del Sur, fechas:
27 de octubre de 1849, “Progresos Locales”, Págs. 3 y 4.
21 de junio de 1851, Pág. 4
1 de marzo de 1853, Pág. 1, “Al Público”.
12 de julio de 1853, Pág. 4.
16 de febrero de 1854, Pág. 4.
9 de junio de 1855, pág. 3.
30 de agosto de 1855, Pág. 4.
28 de febrero de 1856, Pág. 3.
6 de diciembre de 1859, Pág. 2
13 de diciembre de 1859, Pág. 2.
31 de diciembre de 1859, Pág. 3.
26 de marzo de 1861, Pág. 3.
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