Recuerdos de una familia Penquista sobre San Pedro y sus lagunas
Por OSC (Equipo del Archivo Histórico de Concepción)
Laguna chica de San Pedro de la Paz – Hermanos Coddou Pereda, Coddou Espejo y Sepúlveda Coddou.
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San Pedro de la Paz y sus emblemáticas lagunas representan un capítulo esencial en la historia recreativa y familiar del Gran Concepción, especialmente desde la segunda mitad del siglo XX.
Hoy en día, San Pedro de la Paz se reconoce como una comuna progresista, ubicada estratégicamente en el corazón del Gran Concepción. A orillas del imponente río Biobío, se ha consolidado como un destacado polo residencial, combinando modernidad y calidad de vida. Con una población que supera los 150 mil habitantes, ha experimentado un notable desarrollo en las últimas décadas, destacándose por su capacidad de armonizar el crecimiento urbano con la preservación del medio ambiente.
La conectividad de San Pedro de la Paz es uno de sus puntos fuertes: cuenta con una red de puentes carreteros que facilitan la movilidad regional y un renovado puente ferroviario, que moderniza las conexiones hacia los sectores aledaños y fortalece la integración territorial.
A pesar de la evidente expansión inmobiliaria y el dinamismo urbano, la comunidad local mantiene un firme compromiso con el cuidado del entorno natural. Este compromiso se refleja en la conservación de sus dos tesoros naturales: las lagunas Chica y Grande, símbolos identitarios que definen el carácter único de la ciudad. Además, los habitantes reconocen la importancia de preservar y difundir la rica historia de la comuna, vinculada tanto a su entorno natural como a sus tradiciones recreativas.
En el marco de este esfuerzo por rescatar algunas dimensiones de su pasado, se ha entrevistado a Osvaldo Sepúlveda Coddou, referencista del Archivo Histórico de Concepción, con una vasta trayectoria personal, quien ofrece un mirada retrospectiva sobre sobre aspectos destacados de la memoria histórica de San Pedro de la Paz.
¿Cuáles eran las costumbres veraniegas de las familias de Concepción entre 1955 y 1970, y cómo influían los medios de transporte y los destinos cercanos, como la laguna chica de San Pedro, en su forma de disfrutar las vacaciones?
Mi familia materna nacida con los pies en el mar de Penco, jamás dejó de expresar su admiración y regocijo, por el placer de disfrutar el sol, la arena o el pasto al lado del agua donde se pudiera practicar la natación. Ello nos hizo permanentes veraneantes en todas las localidades cercanas a Concepción, durante el período de verano cuando se estaba de vacaciones y en los fines de semana antes de ello. Muchas familias realizaban estos periplos a través de los medios de la época, el ferrocarril para destinos más lejanos y los taxi- buses para sectores cercanos. Por aquellos años 1955- 1970, pocas familias podían presumir de un automóvil.
Uno de los destinos preferidos era la Laguna Chica de San Pedro, nombre dado a la localidad por los españoles, al fundar el fuerte de San Pedro en 1603. El sector habilitado, abierto sin restricciones a los veraneantes, era lo que actualmente corresponde al balneario Llacolén. Con sus aguas calmas, sus praderas de pasto y el sol permanente hasta su ocaso, era el lugar ideal para disfrutar en familia junto a los niños, que no corrían peligro. El puente carretero existía hace más de una década, lo que hacía tener un acceso fácil en auto, o a pie y en locomoción colectiva que corría desde y hacia Coronel y Lota. El predio era propiedad de la familia Esquerré, destinado a forraje de vacunos. Se accedía desde la carretera, a la altura del actual portal de acceso al balneario, pasando por unas pocas casas que la delimitaban desde la salida del puente y la iglesia de la Candelaria, hasta el monumento al aviador Luis Acevedo, primer mártir de la aviación chilena, caído en el río Biobío el 13 de abril de 1913. Desde ahí para adelante, todo era campo.
¿Cómo eran las tradiciones y actividades en torno al monumento de Luis Acevedo, el balneario popular de San Pedro y las fiestas de La Candelaria en los años mencionados, y qué impacto tuvieron los cambios ambientales en estas celebraciones?
Para estos años el monumento recordatorio de Acevedo, no era monumental como otrora, sino una gran placa de cemento con el nombre del héroe flanqueada por 2 mástiles y algunas plantas alrededor, donde había sido costumbre honrar al aviador, en la fecha de su defunción, con un gran acto, con autoridades provinciales y multitud de personas y escolares. Se encontraba en una plazuela frente a la entrada al balneario popular, cercana a la empresa Pizarreño, la estación San Pedro de Ferrocarriles y frente al Dandy, restaurant y salón bailable, centro de encuentros de todos los fines de semana, funcionando las 24 horas, al recibir a los conscriptos de franco y las nanas con permiso el día domingo. Más al sur se encontraba el predio cercado de la Compañía de Papeles y Cartones (CMPC), con casino y casas de empleados, donde dicen se pasaba muy bien.
El balneario Popular constaba de tres muelles, con su correspondiente Alcalde de Mar, donde se apostaban unos grandes lanchones que servían para trasladar a los veraneantes a las distintas playitas que ofrecía el contorno de la laguna. A las 17 horas hacía el mismo recorrido recogiendo a los clientes. Durante las fiestas de La Candelaria (2 de febrero) uno de ellos servía para pasear la imagen de la virgen por las aguas, seguido por el resto de las embarcaciones, todas engalanadas, acompañadas de botes menores llevados por pescadores de caletas vecinas. Esta tradición se prohibió tras comprobar la contaminación de las aguas de la laguna por micro algas que portaban las embarcaciones traídas del mar. Las challas, durante las fiestas, eran con agua, pudiendo verlo y sufrirlo, en la Estación de Ferrocarriles, donde familias enteras, adultos y niños, se tiraban agua unos a otros, como también al tren, mojando incluso a los pasajeros como nos tocó vivirlo en diversos años al paso del tren desde Laraquete.
¿Cuál es la historia de la iglesia de la Candelaria y su evolución tras el terremoto de 1960, y qué relación tiene con el fuerte español de San Pedro, las festividades religiosas y el puerto fluvial del río Biobío?
La iglesia de la Candelaria, caída por el terremoto de 1960, había sido reemplazada por una de madera barnizada con la forma de un bonete, que con el tiempo se fue deteriorando, tomando la decisión de construir la que actualmente cumple las funciones de parroquia. En la segunda mitad del siglo XIX, según lo cuentan los periódicos de la época, las festividades se celebraban no sólo con procesión por la ribera del río, sino con ramadas instaladas a ambos lados del cauce, por temer algunos cristianos, atravesar las aguas en los precarios botes del pasaje. Duraban varios días.
Donde se ubica la parroquia estaba emplazado el fuerte español de San Pedro, fundado en 1603 por el gobernador don Alonso de Ribera para proteger la frontera sur de los ataques indígenas. Con posterioridad, tras un tratado entre españoles y mapuches se le adicionó el De la Paz, como se conoce a la comuna. La imagen de la virgen de la Candelaria fue traída a Chile por el Gobernador don Alonso de Sotomayor en el año 1583, quedando en el fuerte de San Pedro, tras su fundación. A su costado se encontraba el puerto fluvial de la ribera sur del río Biobío.
¿Cuál es la historia del desarrollo y transformación de los balnearios alrededor de la laguna Chica y la laguna Grande y, cómo influyeron los cambios urbanos, sociales y de infraestructura en la vida de los habitantes y visitantes de la zona?
Alrededor de la laguna Chica existía un incipiente Club Victoria y una comunidad de casas al fondo de ella rodeada de árboles naturales, su nombre se refería a uno de ellos, donde varias familias del comercio penquista construyeron en ella sus casas de veraneo. El balneario municipal se implementó después del año 1980, adaptando un lugar de esparcimiento a las clases populares, en contraposición al balneario y campos deportivos llacolén que era privado. En el predio de este último, se desarrolló en 1962 la 1° Exposición Industrial del Sur, realizada por la Cámara de la Producción y el Comercio de Concepción, marcando un hito en el desarrollo manufacturero regional. Causaba un impacto en los visitantes por el alto grado de las construcciones levantadas por las empresas, todo rodeado de jardines y piletas de agua, habilitados para el efecto, con un nivel de competencia nunca visto. Asombraban las instalaciones de Fanaloza, con una alta torre puntiaguda donde una enorme taza daba vueltas ¡humeando! Se pudo observar por primera vez, por lo menos por mi persona, la Pérgola de las Flores, con su elenco original, en un escenario instalado cerca del agua. Cercana a la pequeña piscina, detrás de la Casa de Botes se exponía una torre de Eiffel de varios metros de altura, realizada por una maestranza local. Con la gran afluencia de visitantes, el casino de Llacolén y los numerosos restaurantes y locales al paso, donde había de todo para comer, hicieron cuantas alegres al cierre del evento. Se habló durante años de esta exposición y sus maravillas, por los vecinos penquistas.
Tras la habilitación del Balneario Municipal y su ampliación, el terreno adjunto colindante al agua, fue adquirido por la Asociación del Personal Docente y Administrativo de la Universidad de Concepción, quienes construyeron un excelente casino y parque de esparcimiento. Cercano a este, ya en los años 70 estaba funcionando el balneario de los Ingenieros de la CAP, ignorando su destino actual.
La construcción de Llacolén, cuya primera piedra fue colocada en 1954 y su cierre perimetral, trajo consigo la migración familiar a nuevos pastos, y esta fue la maravillosa laguna Grande, que muy pocos conocían su existencia, que era el lugar ideal para exteriorizar el bullicio en grupo.
Ya en 1960, tras la adquisición de acciones y recibir cada uno de los hermanos el carnet adicional, podíamos ingresar al balneario Llacolén sin dificultades, pero no todo era igual que antes. Recuerdo que al frente del acceso existía una familia que aportaba el mejor pan amasado que he comido, horneado en un domo de barro que le daba especial sabor, rodeado de una huerta, pozo y por enormes flores de la maravilla. Otro de los hitos existentes en este pueblo, era el restaurant Millaray, de buena comida y piano, pero negado para las señoras de fuste, por tener fama de recibir parejas “chuecas”. Tras el paso del puente carretero se encontraba un retén de Carabineros, con fiscalización férrea, lo que lo hacía muy temido. Con los rellenos producidos en la ribera norte, que dejaba gran espacio y movilidad, el control se trasladó hasta esta, permitiendo no detener el flujo de vehículos, al requerir documentos a los presuntos infractores. Recordemos que el puente tenía sólo dos vías.
¿Cuál fue la transformación histórica y social de los alrededores de la laguna Grande, incluyendo los huertos familiares y, cómo influyeron estas en la vida de los habitantes y visitantes de la zona?
Unos pocos cientos de metros al sur de la plaza Acevedo, se encontraba el enlace para ingresar al predio de la laguna Grande, caracterizado este por el bosquecito de boldos, que aún perdura, en el cruce con la avenida Los Canelos, de la actualidad. Al otro lado de la carretera se encontraba el acceso a los Huertos familiares, programa de Estado a lo largo del país, de 1950 en adelante, que proveía de terrenos a familias trabajadoras para mejorar su situación económica y por ende proveer de hortalizas y verduras frescas a las cercanas ciudades. Recordemos que también existían estos huertos, en Los Perales, al ingreso de Talcahuano, y en Manquimávida, al final de Chiguayante. Desde 1990 se convirtieron pausadamente en condominios residenciales. Por lógica si se requería de algún producto de la tierra se visitaba a “la Casera” del huerto y todo solucionado. Este mercado tan natural, fue vital para los primeros habitantes de la Villa, antes de habilitar negocios comerciales en su interior.
En un predio al costado norte de la avenida Los Canelos actual, por esos años (1960) se empezó a construir el Aserradero San Pedro, con su acopio de troncos, sus oficinas sin pretensiones y sus piscinas donde las maderas se impregnaban de químicos para su preservación. Muchos años antes, bordeando el cerro, se encontraba el canal del desagüe de la laguna Chica, donde cuya pendiente permitía el control de los niveles del líquido, para evacuar en los humedales de Los Batros. Pero nada de ello impedía el empuje familiar por lograr llegar al agua de la laguna.
La playa a la cuál llegábamos en auto o caminando por praderas de pasto interrumpida por bosquecillos de boldos, estaba ubicada en lo que hoy es parque municipal, al sur de las canchas de tenis, muy posteriores en su aparición. Existía un callejón de eucaliptos de gran altura, bordeando un camino de tierra que conducía finalmente a la casa de los Ríos Mattatal, construida algunos años antes, construída al borde del agua y que tenía un sector con techo de vidrio, lo que era muy comentado y admirado. Frente al lugar de la playa, existían tres casas de veraneo, construidas alrededor de 1930, pertenecientes a don Tito Ansaldo, el conocido contador y hombre público, la familia Dall´Borgho y otra familia que se me escapa el apellido. Durante un tiempo, frente a los Dall´Borgho, hubo una cabaña construida enteramente de troncos, que era una belleza. Constaba, si mal no recuerdo, con tres dormitorios, baño y cocina, mas salón y comedor, luciendo este último espacio, una chimenea empotrada de porcelana celeste de gran estilo, de origen alemán posiblemente.
Continuando el camino del predio hacia el Teatro Griego de hoy, en esa amplia explanada, todos los veranos, los distintos regimientos de la zona hacían sus prácticas militares con gran cantidad de carpas para alojar a los conscriptos. En las tardes jugaban futbol con gran algazara en una cancha improvisada, que luego era aprovechada por mis tíos y primos mayores. Esas tierras más lejanas, pertenecían a la familia de la poeta Eliana Godoy Godoy. Hasta hace un tiempo se observaba en la orilla del agua, parte del ingenio muy deteriorado que se usaba para extraer agua y regar los campos.
Al otro lado del agua, a los pies de un cerro (Cerro Pelado) sin vegetación por años, estaba la casa del fundo de la familia Seeger, rodeadas de jardines y árboles de hojas perennes de todo gusto. Por tierra se accedía por el camino aún utilizado, orillando el humedal. La forma más peculiar era subirse al pequeño muelle de la playa de enfrente, haciendo señas con una toalla, que, siendo observada por los residentes, sumaba al placer de la observación de la naturaleza, un viaje en lancha por las aguas calmas. Las tierras al fondo de la laguna, habrían pertenecido mucho ha, a la familia de la Sotta.
¿Cómo se describe el pasado del fundo Bellavista y su transformación hasta convertirse en parte de la Villa San Pedro, y qué rol tuvieron familias como los Seeger Lúer y Harosteguy en la preservación de su patrimonio histórico?
El fundo Bellavista que resaltaba en el otro costado, con su destacada Puntilla, no tengo recuerdo de sus propietarios, pero en la misma punta que la caracterizaba, debió haber habido una casa patronal de pretensiones, ya que aún quedaba una escalera de acceso al plano superior, con características y baldosas que la hacían imponente, más 2 canteros de plantas sobre columnas en su término. Había restos de un muelle y un camino de acceso por tierra. A mitad de camino, antes del sector de la chacra (vuelta en el camino, hoy inundado), había una vertiente que despeñaba sus aguas de lo alto, rodeada de helechos y nalcas; en su plano estuvo habilitada por los dueños del fundo, una terraza con asientos y mesitas para el té, aprovechando el sol, las vistas y el rumor del agua que caía y se deslizaba a la laguna por un canal de piedra. Aún quedaban en mi niñez recuerdos del pasado esplendor del sitio.
La entrada al fundo era por un largo camino, paralelo a Los Canelos, que bordeaba en poca altura las sinuosidades del cerro (existe hoy el mismo trazado para una villa de casas), para rematar en las casas del cuidador, quién cobraba un óbolo en dinero por su venia de acceso.
La familia Seeger Lúer, residentes del paraje desde larga data, proporcionaron a la historia de San Pedro de la Paz sensacionales fotos de las lagunas, datadas entre 1914 y 1920, realizadas por don Hugo Seeger Pacheco por esos años. Su nieta, la Sra. Cecilia Benavente Seeger, generosamente las puso a disposición del Archivo Histórico de Concepción, para su disfrute e investigación. Don Hugo, igualmente, realizó fotografías en Contulmo, Lago Lanalhue, Talcahuano, Concepción, Laguna Lo Méndez, Tomé y puertos fluviales de ambas orillas del Biobío., desarrollándolas en su laboratorio particular. Por aquel entonces, gran parte del fundo restante, pertenecía a la familia Harosteguy, según recordaba la Sra. Benavente. En las fotos en que se observa el plano, donde hoy se ubica la Villa San Pedro, existía en 1915 una sola casa que disponía la familia Lüer Ruiz, siendo en su esencia todo un documento patrimonial.
Ante tanta belleza y relajación es digno excusar la indignación que nos cupo al observar las primeras estacas de madera unidas por cáñamo, para sectorizar los terrenos que ocuparían las primeras casas a construir en la villa. Los terrenos habían sido comprados por SERVIU para ese objeto. Obstinados como pocos, continuamos en ese verano de 1962, visitando la playa, acostumbrándonos con el movimiento de vehículos y personas ajenas a nuestro mundo. Al verano siguiente, con un avance notorio en las construcciones de las casas, nuestro derrotero varió a La Puntilla, que ya describí.
La villa San Pedro, parte indiscutida del villorrio del mismo nombre, fue por esos años traspasada a la comuna de Concepción desde el municipio de Coronel. De ahí se explica el nombre de sus calles, pertenecientes a los primeros vecinos de Concepción, al fundarse el 5 de octubre de 1550, en el valle de Penco.
Con el tiempo las abundantes planicies y cerros del sector fueron pretendidas por inversionistas que vieron las excelentes posibilidades de transformarlo en un ingente mercado inmobiliario para todos los sectores sociales. Con ello poco a poco el camino a Coronel fue perdiendo su carácter forestal, rodeado de pinos insignes y ocasionales eucaliptos, donde me quedaba dormido por la monotonía de las vistas en el viaje. Hoy la comuna de San Pedro de la Paz es una progresista ciudad inserta dentro del Gran Concepción, con una población de características diversas, pero que entiende que su desarrollo va unido al respeto a la naturaleza y al privilegio de tener dentro de sus tesoros naturales las dos lagunas que recordamos.
DOCUMENTOS
Credencial de los campos deportivos «Llacolen» perteneciente a don Osvaldo Sepúlveda Coddou (1967)
Fotografías
Selección de fotografías del fondo de la familia Seeger
Selección de fotografías del libro «San Pedro de la Paz: Imágenes del siglo xx (2013) de Graciela Abrigó y Blanca Rivera